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Existen numerosas disciplinas, sanitarias y parasanitarias, que utilizan el concepto holístico en referencia al modo abordar un problema de salud, considerando al individuo como una unidad funcional en la que todos los sistemas están interrelacionados y son interdependientes. La osteopatía es una disciplina sanitaria que parte de este precepto.

Es por ello, que cuando desde la osteopatía, trabajamos con un sujeto, realizamos un tratamiento integral de su organismo, sea cual sea el problema que le trae a la consulta. Ya sea por un problema del sistema muscular, o articular, o una dolencia inespecífica, el abordaje osteopático debe incluir el estudio de todos los sistemas del individuo (músculo-esquelético, visceral, nervioso, fascial y circulatorio), ya que entendemos, que la clínica que aporta el paciente es tan sólo orientativa de que hay problemas subyacentes y que éstos han dado la cara (síntomas) sobre la estructura posiblemente más débil en ese sujeto, pero que los problemas y bloqueos que originan los síntomas se pueden encontrar en cualquiera de las estructuras del individuo. De lo contrario, tan sólo estaríamos atendiendo la clínica del paciente, y el tratamiento sería meramente sintomatológico, con grandes posibilidades de obtener unos resultados mediocres y tendencia a las recidivas.

Este abordaje integral, holístico, también explica, en el caso de la osteopatía, los exitosos resultados que se obtienen, tanto a corto como a largo plazo.

Pongamos un ejemplo. Un paciente acude a nuestra consulta por un dolor articular (hombro derecho, por ejemplo), con un diagnóstico clínico de Tendinopatía del supraespinoso (algo muy frecuente en cualquier centro de fisioterapia). El daño del tendón del músculo supraespinoso es real, con rotura parcial o total (puede estar diagnosticado incluso por una resonancia magnética o una ecografía), y el dolor y el resto de síntomas del paciente estarán, en gran medida, vinculados a esta lesión tendinosa. ¿Entonces, cuál es el abordaje para un caso como este?.

supraespinoso

Si el paciente acude con dolor y limitación funcional de ese hombro, habrá que atender esta situación, y entre otras cosas, trabajaremos directamente sobre el complejo articular del hombro y sobre los músculos con los que se relaciona. Pero éstas no deben ser las únicas estructuras a valorar y trabajar.

  • Habrá que valorar el estado y el correcto funcionamiento de las articulaciones proximales a la afectada (mano-muñeca, codo, clavícula y escápula), ya que una alteración en su funcionalidad (hipomovilidad) puede desencadenar una compensación reaccional (hipermovilidad) a nivel de la glenohumeral, que es donde aparece la clínica por inestabilidad e irritación de los elementos periarticulares.
  • El hombro recibe inervación del plexo braquial, cuyo origen se encuentra a nivel cervical (habrá que revisar el raquis cervical, porque alteraciones a este nivel pueden ocasionar trastornos en los miembros superiores: hipo o hipertonía, alteraciones motoras y sensitivas).

plexo-braquial

  • A su vez, el estado del raquis cervical puede verse afectado por el estado del resto de la columna vertebral (raquis dorsal, lumbar y sacro), por lo que es de rigor valorar también estas estructuras.
  • El sacro pertenece a la pelvis, formada también por los coxales. La buena o mala alineación de la pelvis, así como sus posibles disfunciones, suelen venir determinadas por los miembros inferiores (ya que somos animales bípedos). Dentro del miembro inferior, el pie juega un papel primordial, ya que se comporta como un transmisor de cargas y como un elemento de adaptación a la superficie durante la pisada. Alteraciones en el pie, pueden desencadenar problemas en el resto del cuerpo.
  • La vascularización arterial del hombro proviene de la arteria subclavia, rama de la aorta. Si la perfusión está alterada, se produce un estasis sanguíneo, que conlleva un estado de isquemia mantenido. Los tejidos que sufren un déficit en su perfusión, se encontrarán en una situación de hipoxia (disminución del aporte sanguíneo), de falta de nutrientes, y de intoxicación de su medio extracelular (por la falta de drenaje de los residuos metabólicos de las células). Estas condiciones, implican un debilitamiento del tejido, haciéndolo más frágil, y fibroso, así como una alteración de las condiciones normales de la matriz extracelular, provocando una sensibilización de las terminaciones nerviosas sensitivas que, emitirán señal nociceptiva. El trabajo sobre el corazón y los grandes vasos, parece necesario para un problema como este (y para cualquier otro problema o lesión).
  • Vísceras como el pulmón derecho o el hígado, pueden producir dolor y/o alteraciones a nivel del hombro derecho. Tanto por sus relaciones anatómicas directas, como es el caso del pulmón con la 1a costilla-clavícula (ligamento costopleural), y el raquis cervical (ligamentos vértebropleurales); como por su relación fascial, en el caso del hígado, donde un estasis sanguíneo en su parénquima, lo hace aumentar de peso (a más sangre, mayor peso), y esto supone una tracción mecánica de todo el sistema fascial: diafragma (ligamento triangular del hígado), pleura parietal, pleura visceral, y mediastino que, al no ser distensibles, trasladarán esa fuerza de tracción caudal a estructuras superiores, llegando al hombro. La valoración y el tratamiento del sistema visceral, se antoja realmente importante, sobretodo en casos de dolor osteoarticular crónico, con un patrón de activación nocturna, y que responde insatisfactoriamente al tratamiento convencional.
  • Si entramos a valorar el sistema visceral, no sólo deberemos fijarnos en los dos órganos citados anteriormente, sino en el resto de órganos que hayan podido provocar las alteraciones en el hígado y el pulmón: corazón-pericardio-mediastino, músculo diafragma, y sistema digestivo.

sistema-visceral

  • Cuando practicamos un abordaje visceral, no sólo hemos de atender a la manipulación directa de los órganos, sino también a su irrigación (sistema vascular y corazón, otra vez), y a su inervación, gestionada por el sistema nervioso autónomo ortosimpático y parasimpático. El orto simpático proviene de la columna vertebral, principalmente de la región dorsal; mientras que el parasimpático provienen en buena medida del par craneal X, nervio neumogástrico (nervio vago), y en parte del plexo sacro.
  • Si queremos trabajar la correcta inervación parasimpática (nervio vago) de las vísceras torácicas y buena parte de las abdominales, hemos de trabajar el sistema craneal, ya que el X par emerge por el agujero rasgado posterior (ARP), que se encuentra formado por los límites de los huesos occipital y temporal. Estos dos huesos, forman parte del sistema de engranaje craneal y pueden provocar un cierre del ARP, tanto por tensiones propias, como por tensiones recibidas por la alteración de otros huesos del cráneo. Se ha de revisar el conjunto del cráneo y tratar las fijaciones y tensiones que encontremos.

nervio-vago

  • Por último en esta argumentación (que no a la hora de aplicar el tratamiento), y no por ello menos importante, hemos de tener en cuenta la repercusión del sistema fascial. Este gran desconocido del que poco a poco vamos conociendo más información, tiene una gran importancia tanto a la hora de generar como de mantener lesiones. Se trata de un tejido continuo, no distensible, que se ramifica en envueltas cada vez más finas hasta llegar a todas las células de los tejidos. Tan sólo por este motivo, por estar presente tanto a nivel macroscópico como a nivel histológico en todas las estructuras, parece imperativo abordarlo cuando existe una lesión o disfunción. El tratamiento específico de las fascias (superficial y profunda) conlleva unos importantes resultados, tanto a nivel local como a distancia.

En resumen, en osteopatía, para tratar a un paciente con una situación como la descrita en el ejemplo que hemos tomado (tendinopatía del supraespinoso), el abordaje pasa por la valoración y tratamiento, si procede, de: las articulaciones vecinas, la propia articulación, los tejidos blandos (músculos, tendones y ligamentos) implicados en las articulaciones afectadas, la columna vertebral y el sacro, el resto de la pelvis, el miembro inferior (con especial relevancia los pies), el sistema vascular, el sistema visceral, el sistema craneal, y el sistema fascial.

Esto es, en definitiva, lo que en osteopatía entendemos como un abordaje holístico del individuo, donde todos los sistemas interdependen unos de otros. Las alteraciones que se dan a lo largo del tiempo en estos sistemas (microlesiones), desencadenan finalmente en una lesión o enfermedad, que es por la que el paciente viene a consultarnos. Pero si todos estos sistemas han tenido alguna responsabilidad en la creación, instauración y/o mantenimiento de la situación patológica actual, para revertir ésta…, ¿no sería lógico trabajar sobre todos los sistemas que la desencadenaron?

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