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La técnica de pisiformes cruzados es, en España, una de las técnicas manipulativas más conocida y extendida. Como cualquier técnica de manipulación directa (no requiere de palancas para generara la tensión), parece sencilla en su concepción, aunque como todos los osteópatas sabemos, son las más difícil ejecución.

Es por ello que, en la escuela, al abordar esta técnica, comprobamos que, si bien la mayoría de los alumnos la conocen y muchos la usan habitualmente, suele estar mal ejecutada.

A continuación describiré la técnica inespecífica que se aplica en toda la columna dorsal (ya que las específicas para la corrección de una disfunción concreta son sensiblemente más complejas y mucho menos extendidas), cuáles son los fallos más comunes, y cómo corregirlos para sacar un mayor provecho de la técnica.

tecnica-de-pisiformes-cruzados

  1. El primero de los fallos proviene del concepto anatómico. Aun habiendo sido correctamente explicada durante las clases, prácticamente todos los alumnos, siguen descuidando la colocación correcta de los contactos, por estar demasiado concentrados en realizar un impulso adecuado. El contacto se debe realizar, como su nombre indica, con los huesos pisiformes de ambas manos. Cada uno de ellos debe contactar sobre la piel, en la proyección de la apófisis transversa vertebral de su lado (cada uno a un lado). Muchos, no tienen en cuenta este parámetro que es básico y fundamental, y colocan las manos sobre la espalda, en la orientación adecuada, pero sobre estructuras diferentes: sobre otra transversa de otro nivel vertebral supra o subyacente, sobre una costilla, etc. Por norma general las apófisis transversas se van a encontrar a un través de dedo (o través y medio) de la apófisis espinosa. Si los contactos fallan en su colocación la técnica no puede salir bien, aun suponiendo, que el resto de parámetros fueran los adecuados.
  2. El siguiente fallo proviene a la hora de realizar el preestiramiento de la piel para que las manos no resbalen por la elasticidad de la piel al hacer el impulso. Este parámetro que consiste en, una vez que las manos reposan sobre la piel encima de la proyección de las apófisis transversas, realizar un giro o torque, que estira la piel y por lo tanto disminuye su elasticidad, evitando con ello un posible deslizamiento sobre ésta al dar el impulso manipulativo. Otro de los fallos que percibimos radica en que, aun habiendo colocado inicialmente bien los contactos sobre las transversas de la vértebra, al realizar el torque, las manos se desplazan y acaban varios centímetros alejadas de su posición inicial, por lo que, o ya no se está en el nivel vertebral inicial, o ya no se contactan ambas transversas. El torque se ha de realizar sin que haya un desplazamiento de las manos sobre la piel.
  3. Otro fallo proviene de la puesta en tensión previa al impulso manipulativo. Toda manipulación osteopática requiere de un puesta en tensión justo entes de la manipulación (reducción del slack), de tal manera que se elimina la posible holgura de los tejidos a manipular y así, con un mínimo impulso, se consigue transmitir la fuerza a las superficies articulares, sin que lo amortigüen los elementos periarticulares (músculos, cápsula y ligamentos). A demás, de la reducción de la holgura tisular, la compresión previa a la manipulación supone un parámetro muy importante de seguridad a la hora de ejecutar una manipulación. Si al realizar la puesta en tensión antes del impulso, el paciente percibe dolor, la manipulación está contraindicada. Pero no acaba aquí la cuestión. A demás de que si no reducimos la holgura, la fuerza mecánica será absorbida en buena medida por los elementos periarticulares, y estaremos manipulando sin el feedback del paciente sobre si la técnica es dolorosa o no, al realizar el impulso, éste se ejecuta con una amplitud de recorrido mayor de lo deseable. Por definición, los impulsos manipulativos o thrust, se caracterizan por su mínima amplitud, de lo contrario, pueden resultar demasiado agresivos para los tejidos, incluso dañinos. Al no realizar la compresión de las estructuras a manipular durante la reducción de la holgura tisular, el recorrido del thrust es más amplio, pudiendo ser doloroso y lesivo.
  4. La ejecución correcta del impulso, el thrust, suele ser lo más importante para el osteópata en formación, y por eso centra toda su atención en él, lo que le hace caer en los fallos explicados anteriormente, y aún así, no suelen realizarse adecuadamente. El thrust debe ser un impulso de muy corta amplitud (poco recorrido), poca fuerza, y alta velocidad (muy rápido). Sólo de esta manera, se garantiza la seguridad de los tejidos y vencer la barrera que supone el sistema de adaptación articular, que se encarga de modificar el tono muscular en base a las demandas mecánicas y de posición de una articulación. Con el thrust, sorprendemos al sistema de adaptación (es un reflejo), produciendo una movilización de las superficies articulares antes de que el propio sistema nervioso pueda actuar modificando el tono de los músculos que controlan dicha articulación quienes, de actuar de forma refleja, se resistirían a la fuerza manipulativa, impidiendo la manipulación. Nuestros alumnos suelen llegar a la escuela haciendo thrust muy mejorables. O son demasiado amplios, o demasiado lentos, o ambas cosas a la vez. Nuestro trabajo como docentes implica supervisar constantemente la buena ejecución y calidad de estas maniobras.
  5. El último fallo radica en un nuevo parámetro de seguridad que debe ir asociado a toda manipulación directa: la retirada del impulso mecánico o toggle recoil. Como las técnicas directas no utilizan palancas (tronco o extremidades) para generar la tensión sobre las estructuras que van a ser manipuladas, no existen elementos de absorción de dicho impulso. Cuando se usan palancas, todos los tejidos sometidos a tensión durante el acto manipulativo, absorben parte de la energía mecánica del impulso, protegiendo a las estructuras objeto de la manipulación, de recibir un exceso de fuerza que las pueda dañar o, cuanto menos, irritar. Por ello, en las técnicas directas se utilizan unos sistemas especiales de amortiguación de las que las camillas osteopáticas vienen provistas, llamados drops. Como no se suele tener camilla osteopática a no ser que se sea un osteópata (y aún así muchos no la tienen), la variante al drop es un parámetro manual de retirada de la fuerza. El toggle recoil, consiste en, una vez dado el impulso manipulativo, retirar de forma inmediata la fuerza del impulso, evitando que un exceso de fuerza pueda dañar los elementos articulares y periarticulares, así como la transmisión del impulso mecánico a planos más profundos.

Si se colocan adecuadamente los pisiformes sobre la proyección de las apófisis transversas de un mismo nivel vertebral; se realiza un torque para reducir la elasticidad de la piel sin que los contactos iniciales se desplacen; se realiza una puesta en tensión adecuada reduciendo la holgura de los elementos periarticulares, y esto no provoca dolor; y realizamos un thrust adecuado, corto y rápido, con un toggle recoil final; ya se podrá realizar la técnica inespecífica de pisiformes cruzados, pasando revista a los distintos niveles dorsales, a uno y otro lado de la columna del paciente, con el objetivo de liberar globalmente el raquis dorsal, mejorar su movilidad vertebral y conseguir el efecto reflexógeno asociado a toda manipulación vertebral.

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